Trilce
Poeta · Autora de letras de canciones

Trilce

Yanelis Cedeño

Palabras que nacen de sentir.
Un lugar para encontrar fuerza,
inspiración y refugio.

CONOCE MI HISTORIA ↗
Retrato de Trilce Yanelis Cedeño
TRILCE YANELIS CEDEÑO Poeta · Autora de letras de canciones
Bayamo, Cuba · 1979Escribiendo desde 2001Rochester, Nueva York
El origen de mi nombre

Una palabra.
Dos emociones.

Tril + ce

En 2001 sentía que la vida podía ser triste y dulce a la vez. Quise reunir aquellas emociones en una palabra: «tril», inspirado en la tristeza, y «ce», de dulce. Así elegí mi nombre artístico.

Desde entonces, firmo como Trilce. Mi escritura nace de lo vivido y de la curiosidad por comprender lo que nos hace humanos.

Contada con mi propia voz

Mi autobiografía

Yanelis Cedeño Estrada

Mi historia reúne la medicina, la emigración y la escritura: distintas maneras de acercarme a la vida y a las personas.

Mi nombre es Yanelis Cedeño Estrada. Nací el 31 de agosto de 1979 en Bayamo, provincia de Granma, Cuba. Escribo bajo el nombre de Trilce, una palabra que elegí para reunir dos emociones que han convivido en mi vida: la tristeza y la dulzura.

Crecí en una familia donde la música estaba siempre presente. Mi abuela materna era trovadora, cantante aficionada y tocaba el piano. Mi abuelo materno tocaba tumbadoras y órganos, y mi bisabuela materna era pianista. Desde antes de comenzar a escribir, ya decía versos e inventaba letras de canciones.

También desde niña sentí una profunda curiosidad por la Medicina. Leía libros médicos, fascinada por sus ilustraciones y por el conocimiento del cuerpo humano. La lectura se convirtió en un hábito que todavía me acompaña: leo con avidez, movida por el deseo de comprender y aprender.

En 2001 comencé a escribir, impulsada por el dolor de un amor imposible. Ese mismo año adopté mi nombre artístico. Sentía que la vida podía ser triste y dulce a la vez; uní «tril», inspirado en la tristeza, con «ce», de dulce, y encontré en Trilce una manera de nombrar aquella experiencia íntima. Conservo numerosos poemas manuscritos de esa etapa, suficientes para reunir casi un poemario, todavía sin título.

La escritura me acompañó durante mis estudios de Medicina. En 2009 me gradué de doctora en Medicina en Bayamo, provincia de Granma, Cuba. Mi centro de estudios pertenecía al Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, institución que expidió mi título.

Entre 2011 y 2013 cumplí una misión médica en Venezuela y, en 2014, comencé otra en Brasil. Salir de mi país significó enfrentar la distancia, la soledad y la responsabilidad de integrarme en realidades desconocidas. En Brasil aprendí portugués. Mientras ejercía mi profesión y me adaptaba a esos cambios, continué escribiendo.

El 7 de diciembre de 2016 llegué a Estados Unidos y me establecí en Rochester, Nueva York. Aprendí inglés para trabajar y desenvolverme en mi nuevo entorno. Realicé un curso de asistente médico y trabajé cuidando pacientes a través de Freedom Care. Posteriormente viví un año en Texas y regresé a Rochester en 2020.

Desde entonces trabajo como School Health Assistant, asistente de salud escolar, en la Escuela n.º 22. En su enfermería atiendo a niños que presentan malestar, sufren caídas o tienen accidentes, y notifico a sus padres. El cuidado de las personas sigue siendo parte de mi vida cotidiana.

En Estados Unidos también viví una historia amorosa que transformó mi escritura. La ilusión, la pérdida y las dificultades de aquel vínculo encontraron expresión en mis versos. En 2026 comencé una nueva etapa de creación de letras de canciones; entre las primeras estuvieron «Déjame sanar» y «Ni contigo ni sin ti».

Escribo sonetos, verso libre y otras formas poéticas. Me inspiran el amor, los valores humanos, el conocimiento, la filosofía, el estoicismo, la naturaleza y los misterios de la ciencia y del universo. Mi curiosidad me lleva a escribir tanto sobre lo que siento como sobre aquello que observo y que despierta en mí nuevas preguntas.

Admiro, entre otros, a José Ángel Buesa, César Vallejo, José Martí, Nicolás Guillén, William Shakespeare, Homero, Dante Alighieri, Rumi, Walt Whitman, Emily Dickinson, Pablo Neruda, Rabindranath Tagore, Federico García Lorca y T. S. Eliot. Deseo seguir conociendo sus obras mientras desarrollo mi propia voz.

Comparto mi poesía en Facebook, Instagram, TikTok y Threads como Trilce Yanelis Cedeno. Ahora me preparo para publicar mi primer poemario y acercar mi obra a nuevos lectores.

Aspiro a crear una voz única y reconocible, y a dejar una huella en el arte. Quiero que quienes lean mis poemas o escuchen mis canciones encuentren palabras para sus propias emociones, consuelo en la tristeza y fuerza para reconstruirse. Deseo que mi escritura pueda servir de escudo y refugio, inspirar y recordar que las heridas también pueden dar paso al aprendizaje y a una nueva manera de vivir.

Escribo sobre caer y levantarse, sobre sentir profundamente y sobre el valor de esta única vida que tenemos.

Porque, para mí, escribir es convertir los sentimientos en palabras que te salvan del naufragio de la vida, te sostienen y te mantienen vivo.

RECORRER MI TRAYECTORIA +
2001Comienzo a escribir y adopto el nombre Trilce.
2009Me gradúo de Medicina en Bayamo.
2011–2013Misión médica en Venezuela.
2014Comienzo mi misión en Brasil.
2016Llego a Estados Unidos el 7 de diciembre.
2026Inicio una nueva etapa como autora de letras de canciones.
Versos de Trilce

Mi poesía

Sonetos y palabras para sentir, encontrar refugio y volver a empezar.

Una flor roja con raíces expuestas sobre tierra agrietada, junto a un cántaro roto y bajo un cielo de atardecer
Soneto · 01

Lo que no nace no crece.

No nace amor por mucho que se implore…

LEER EL SONETO COMPLETO

No nace amor por mucho que se implore,
ni crece por mandato la ternura;
el agua no remienda la fractura
del cántaro, por mucho que se llore.

No habrá raíz por más que se decore
con flores de papel la tierra dura;
no cura la insistencia la amargura
ni habrá cosecha donde nada aflore.

Hoy saco mi semilla de este suelo,
no entrego mi verdor a tu vacío;
ya no confundo amor con desconsuelo.

Rescato lo que todavía es mío;
no pienso echar raíces en el hielo:
no nace amor en un querer baldío.

Trilce.

Un vestido rojo al viento y una silla vacía en un balcón florido frente al mar al atardecer
Poema · 02

Cuando me vaya.

Cuando mi nombre apenas sea un sonido…

LEER EL POEMA COMPLETO

Cuando mi nombre apenas sea un sonido
que alguna voz rescate del olvido,
no cuentes solamente lo que he sido:
di cuánto quise ser y no he podido.

Fui niña, fui pregunta, fui semilla;
creí que todo el mar era mi casa.
Hoy vuelvo a ser la niña que descalza
buscaba caracolas en la orilla.

Guardé para una fiesta aquel vestido
que el tiempo fue dejando en un rincón;
y un día, por bailar sin un motivo,
lo puse a dar sus vueltas al balcón.

Tuve miedo también, aunque reía;
salí a comprar el pan con mi tristeza.
Nadie vio cuánto esfuerzo suponía
decir «estoy muy bien» con entereza.

Y fui quien hizo daño por descuido,
quien supo contestar y no escuchar;
aún hay una voz dentro de mi oído
que entonces no dejé de interrumpir al hablar.

Si puedes recordarme, sé piadoso
con cuanto no alcanzaste a comprender:
hubo un amor torpísimo y hermoso
en casi todo lo que intenté hacer.

Y cuando otro te cuente su quebranto,
no midas su dolor con tu experiencia:
si no puedes quitarle un poco el llanto,
que al menos no le duela tu impaciencia.

Acércale una silla. Que se quede.
Que pueda descansar de ser valiente.
Hay algo que la muerte nunca puede:
borrar lo que entregamos a la gente.

Imagen que acompaña a EL BARRO QUE NOS UNE.
Soneto · 03

EL BARRO QUE NOS UNE.

Nadie conoce el barro de otra vida,

LEER EL SONETO COMPLETO

Nadie conoce el barro de otra vida,
ni el agua que sostuvo su figura;
cada vasija guarda una fisura
y alguna claridad en ella anida.

No juzgues otra piel por su caída,
ni midas con tu luz su noche oscura;
también tu corazón se hizo ternura
cuando una mano recogió tu herida.

Acalla el mazo cruel de la sentencia,
y acerca tus dos manos al reflejo:
verás tu propio rostro en su presencia.

La grieta que señalas es tu espejo;
el barro nos enseña la paciencia
y el agua vuelve limpio el cauce viejo.

Trilce.

Volver al índice ↑
Imagen que acompaña a Cada quien enseña algo.
Soneto · 04

Cada quien enseña algo.

Del fuerte recogí la valentía;

LEER EL SONETO COMPLETO

Del fuerte recogí la valentía;
del frágil, el valor de la ternura;
del sabio, la raíz de la cordura;
del necio, lo que yo desconocía.

Quien rezaba me dio su compañía;
quien no, su corazón sin vestidura;
y en ambos floreció la misma hondura
que mi mirada apenas comprendía.

Del gozo recibí clara belleza;
del llanto, otra manera de mirarme;
de cada encuentro, un poco de certeza.

Ninguno vino en vano a visitarme:
hay en cada persona una riqueza
y un modo diferente de enseñarme.

Trilce.

Volver al índice ↑
Imagen que acompaña a La travesura de la tarde.
Soneto · 05

La travesura de la tarde.

Se descalzó la tarde en la ribera

LEER EL SONETO COMPLETO

Se descalzó la tarde en la ribera
y el agua le guardó su vestidura;
un pez, por descifrar tanta hermosura,
quiso llevar el cielo a su pecera.

Un sauce le ofreció su cabellera
para peinar la luz de su cintura;
pero ella, por antigua travesura,
bordó sobre la espuma una escalera.

Desde entonces, el río va más lento,
como quien lleva un beso sin testigo;
la orilla no conoce el argumento.

Solo un jazmín, de la quietud amigo,
le cuenta sus secretos solo al viento;
y el viento, por quedarse, inventa abrigo.

— Trilce

Volver al índice ↑
Imagen que acompaña a La dignidad del fuego
Soneto · 06

La dignidad del fuego

Te elijo con el alma y con la mente,

LEER EL SONETO COMPLETO

Te elijo con el alma y con la mente,
con esa libertad que desafía
la vanidad de hacer tu vida mía;
me basta tu verdad en el presente.

El tiempo lleva el oro en su corriente
y deja en nuestras manos lo que ardía;
amar es darle cuerpo a un solo día
sabiendo que se pierde lentamente.

Que el mundo nos conceda su belleza
sin exigirle al cielo permanencia,
sin convertir la dicha en fortaleza.

Te doy mi voz, mi fuego, mi presencia:
amar será mirar con entereza
lo eterno que contiene una existencia.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Imagen que acompaña a La que fui contigo.
Soneto · 07

La que fui contigo.

Ya no amo lo que soy ni lo que fuera,

LEER EL SONETO COMPLETO

Ya no amo lo que soy ni lo que fuera,
sino la que aprendió a vivir contigo;
aquella que encontró en tu voz abrigo
y ni siquiera supe que existiera.

Era una flor cerrada a primavera,
un pulso sin latido ni testigo,
un nombre que jamás llevé conmigo
hasta que tu ternura lo encendiera.

No extraño solamente lo vivido,
ni la ilusión que junto a ti nacía:
me duele aquel fulgor desconocido.

Creí que solamente te perdía,
sin ver que, con tu adiós, se había ido
la parte de mi ser que florecía.

Trilce.

Volver al índice ↑
Imagen que acompaña a La forma de la duda
Soneto · 08

La forma de la duda

¿Quién dijo que es verdad cuanto miramos,

LEER EL SONETO COMPLETO

¿Quién dijo que es verdad cuanto miramos,
si la luz nos disfraza lo evidente?
La piel cree tocar lo que presiente,
y un abismo separa lo que amamos.

Qué frágil la certeza que abrazamos:
lo sólido es un baile permanente;
el vacío, un rumor intermitente
y el mundo desborda lo que pensamos.

No basta con nombrar una apariencia
para volver su rostro verdadero,
ni creer es lo mismo que evidencia.

Cuestiona lo que aceptas por entero:
no confundas costumbre con conciencia;
la duda abre a la luz otro sendero.

Trilce.

Volver al índice ↑
Imagen que acompaña a Donde la tormenta florece
Soneto · 09

Donde la tormenta florece

La noche se deshace entre colores,

LEER EL SONETO COMPLETO

La noche se deshace entre colores,
la rosa guarda el llanto del rocío;
un ala da cobijo contra el frío,
mientras el cielo enciende resplandores.

Descansa su silencio entre las flores,
su pelo es una noche sobre el río;
la lluvia va llenando su vacío
y el agua le devuelve sus temblores.

La rosa, bajo el rayo, está encendida,
y el ala, aun en reposo, sueña el vuelo;
la luz besa su frente recogida.

Se inclina la tormenta sobre el suelo
y en cada gota se despierta vida:
la tierra aprende a reflejar el cielo.

Trilce.

Volver al índice ↑
Imagen que acompaña a Donde florece el infinito
Soneto · 10

Donde florece el infinito

El cielo vierte azul sobre la vida

LEER EL SONETO COMPLETO

El cielo vierte azul sobre la vida
y el mar recoge un resplandor dorado;
un árbol sueña, en otro entrelazado,
la luna guarda su canción dormida.

La noche, por el oro bendecida,
reposa entre las ramas del amado;
el verde lleva al viento enamorado
la música del alma compartida.

Dos árboles se buscan sin premura
y, al enlazar sus ramas lentamente,
dibujan en el aire la ternura.

Así te quiero: libre y transparente,
con raíces de amor y luz tan pura
que el mundo se hace eterno de repente.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Imagen que acompaña a Del laurel y la diatriba.
Soneto · 11

Del laurel y la diatriba.

No adquiere la invectiva jerarquía

LEER EL SONETO COMPLETO

No adquiere la invectiva jerarquía
por coronar de mármol su despecho;
ni queda por sentencia satisfecho
el rigor que requiere poesía.

Hay un laurel de estéril osadía
que nace de erigir la afrenta en hecho;
mas ningún improperio vuelve estrecho
el ámbito que habita la armonía.

La forma no redime la impostura,
ni el estruendo acredita pensamiento;
la belleza prescinde de armadura.

Donde falta razón, sobra aspaviento;
la palabra perdura por su altura,
no por hacer del odio un monumento.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Manos sosteniendo una luna dorada con un árbol luminoso, entre cascadas, estrellas y cristales violetas
Soneto · 12

Despierto donde el alba se desvela

Sin título · Identificado por su primer verso

LEER EL SONETO COMPLETO

Despierto donde el alba se desvela,
y elijo la vereda y su espesura;
el fruto guarda intacta su dulzura,
mi sombra va conmigo y no recela.

No cambio por abrigo lo que vuela,
ni dejo mi raíz en tierra oscura;
la rama que sembré también madura,
y abrazo cuanto el tiempo me revela.

Si alguna vez mi cielo fue nublado,
no le cambié de nombre a la simiente;
también amé la lluvia de ese prado.

No vuelve hacia su cuna la corriente:
el mar recibe cuanto le he entregado,
y yo llevo su sal sobre la frente.

— Trilce.

Volver al índice ↑
La belleza de seguir · Animación
Soneto · 13

La belleza de seguir

Aprendí a ver la luz desde mi herida,

LEER EL SONETO COMPLETO

Aprendí a ver la luz desde mi herida,
a mirar cada brote tiernamente,
a escuchar lo que calla la simiente
y a amar la flor que nace inadvertida.

No toda rama seca está vencida,
ni el invierno se queda eternamente;
un rumor de raíces, persistente,
va preparando el pulso de la vida.

Aunque me duela el mundo, todavía
puedo encontrar abrigo en la ternura
y hacer de mi silencio poesía.

No salgo de la pena sin fisura,
pero guardo una luz que sigue mía
y con ella regreso a la hermosura.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Una terraza junto al mar al atardecer con una mecedora, una guitarra, caña de azúcar y una bandera cubana
Poema · 14

CUBA, TÚ DUELES.

Cuba, tú dueles.

LEER EL POEMA COMPLETO

Cuba, tú dueles.
No creas que no te pienso en mi silencio,
ni que dejé de soñarte libre;
entre los tantos sueños que sostengo, con tantos argumentos
hay uno que lleva tu nombre
y no conoce el olvido.

Eres raíz y cimiento,
tierra primera de cuanto yo siento.
Sé que algún día volverás a tener tu fulgor,
como el relámpago que enciende el cielo
y deja una claridad
temblando dentro del pecho.

Cuba, tú dueles,
y más aún si estamos lejos.
Duele el recuerdo dulce de tus frutas,
el aroma de tus campos después del aguacero,
tu mesa, tus carnes, tus vinos,
tu guarapo y tu prú;
la verdura, el aguacate,
y aquel patio donde la tarde
Se compartía con aroma de café recién tostado.

Ay, pero más que nada,
me duelen tu música y tu poesía,
tu décima guajira,
esa manera de cantar
que vuelve compañía la tristeza.

Me duele la voz de Celina González:
cuando canta, hasta la distancia
parece un campo que puedo atravesar.
Y llega Celia Cruz con su alegría,
con ese azúcar suyo
que todavía endulza la nostalgia.

Benny Moré me devuelve una esquina,
un baile, una ventana abierta;
Compay Segundo pulsa una cuerda
y mi memoria encuentra
el camino de regreso.

Bola de Nieve se sienta ante el piano
y todo lo que callo se hace voz;
de las manos de Lecuona
sale una melodía
que reconoce mi corazón.

Con Martí llevo una rosa
que la distancia no consigue marchitar;
con los versos de Guillén,
la sangre aprende de nuevo su compás.
Dulce María Loynaz deja un jardín
floreciendo en mi silencio,
y Alicia Alonso gira todavía
en ese escenario que guardo por dentro.

Cuba, tú dueles,
porque te llevo conmigo:
en la palabra que pronuncio,
en lo que escribo,
en la forma de querer
y en esta terquedad de seguir soñando.

No quiero acostumbrarme a tu tristeza, ni a tu alma apagada.
Quiero pensarte con las puertas abiertas,
con pan sobre las mesas,
con canciones en los patios
y abrazos que no tengan
que despedirse para siempre.

Quiero volver un día
y reconocerte por la risa,
sentarme bajo un árbol,
beber despacio un guarapo
y escuchar que alguien me llama
desde la casa de mi infancia.

Cuba, tú dueles…
pero aún te sueño libre,
con tus hijos regresando,
con el mar lleno de luz.

Y mientras llega ese día,
aquí te guardo:
raíz bajo mi pecho,
canción entre mis labios,
patria que sigue andando
en cada verso mío.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Una mujer escribe junto a una ventana abierta al mar y a un cielo estrellado; un universo luminoso surge de su cuaderno
Poema · 15

Todavía me asombro

Dicen que ya la rosa fue nombrada,

LEER EL POEMA COMPLETO

Dicen que ya la rosa fue nombrada,
que el verso recorrió todos los mares;
yo encuentro, entre sus pétalos, lugares
donde aún no se ha posado una mirada.

Hay quien guarda el relámpago en un nombre
y cree tener el cielo entre las manos;
yo escucho los silencios más lejanos
y dejo que lo incierto me desvele.

Hay un mundo detrás de cada cosa,
un temblor que se escapa a la certeza;
hasta la piedra, inmóvil, silenciosa,
guarda un secreto bajo su dureza.

Por eso escribo: para andar despacio,
para escuchar lo que jamás se dijo,
una palabra abre tanto espacio
que cabe el mundo entero en lo que escribo.

Y si al cerrar mis versos todavía
me queda alguna sombra por mirar,
dejaré una ventana en la poesía:
tal vez entre la luz por ese lugar.

Trilce.

Volver al índice ↑
Una figura tras un cristal agrietado en un laberinto nocturno, con un reloj y un hilo dorado de luz
Soneto · 16

El verbo se desdice en su escritura

Sin título · Identificado por su primer verso

LEER EL SONETO COMPLETO

El verbo se desdice en su escritura;
la cifra guarda un nombre no nacido,
y el eco, de saberse repetido,
desmiente con su voz la sepultura.

La aguja no conoce la sutura;
da vueltas sobre un tiempo suspendido
y llama porvenir a lo perdido,
sin advertir que el centro es la fisura.

No todo laberinto pide un hilo,
ni toda encrucijada es un destino,
ni toda puerta cede ante una llave.

También la luz se quiebra contra el filo
del cristal que presume de adivino:
lo que calla la luz, la sombra sabe.

— Trilce

Volver al índice ↑
Una mujer vestida de rojo escribe con una pluma junto a libros y una vela, bajo el título Sin bula para la osadía
Soneto · 17

Sin bula para la osadía.

La pluma me adjudica, en su porfía,

LEER EL SONETO COMPLETO

La pluma me adjudica, en su porfía,
el título de enigma más arcano,
con docta presunción de soberano,
sin bula que refrende la osadía.

Y duda si saberlo es herejía
o un privilegio tácito y profano.
La absuelvo con un gesto cortesano
y dejo sin glosar la alevosía.

No doy al dogma fe ni asentimiento,
mas cierto palimpsesto me delata:
la audacia me merece un miramiento.

Mi libertad concede y desbarata.
¿Será virtud saber lo que presiento?
Mi anuencia no se exige: se aquilata.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Una mujer gira con un vestido rojo en una biblioteca iluminada por velas; un trompo dorado descansa sobre el escritorio
Soneto · 18

Osadía

La pluma no redime ni aquilata;

LEER EL SONETO COMPLETO

La pluma no redime ni aquilata;
yo misma fui a tentar al torbellino:
del trompo quise ser el remolino,
y el vértigo me nombra y me delata.

Mi risa tu certeza desbarata
con un sutil paréntesis ladino;
mas no confundas juego con destino:
mi tácito rubor no se contrata.

No sé si es bendición o desvarío
que sepas descifrar lo que no digo,
ni cuánto de tu imperio sigue mío.

Te dejo la sospecha por testigo:
si giro, no es por ley de señorío;
es que mi voluntad danza contigo.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Una mujer contempla el atardecer desde una ventana abierta, junto a una mesa con flores, libros y una taza
Soneto · 19

Liturgia de la ausencia.

Fui la ceniza azul de tu costumbre,

LEER EL SONETO COMPLETO

Fui la ceniza azul de tu costumbre,
la voz que tu silencio desterraba;
y mientras mi presencia declinaba,
yo vi languidecer mi antigua lumbre.

El tedio me ciñó de pesadumbre;
la liturgia del beso naufragaba,
y cuanto de mi ser te consagraba
se hundía bajo fría servidumbre.

Alcé hacia Dios mi exánime dolencia:
«Dame resignación para este duelo»,
clamó la desnudez de mi existencia.

Mas otra voz se levantó del suelo:
«No trueques el amor por penitencia
ni llames redención al desconsuelo».

— Trilce.

Volver al índice ↑
Un ruiseñor canta entre rosas sobre un sendero de jardín florido, con montañas y agua al fondo
Soneto · 20

La paciencia de las flores.

En el jardín secreto de los días,

LEER EL SONETO COMPLETO

En el jardín secreto de los días,
la luz despierta sobre lo callado;
un leve azul descansa en lo sembrado
y un ruiseñor custodia melodías.

La tarde va tejiendo celosías
en un rincón de nácar perfumado;
y el tiempo, jardinero enamorado,
va deshojando lentas lejanías.

Una semilla vence la espesura
sin reclamar al cielo su sustento;
le basta la paciencia de las flores.

Así la vida, silenciosa y pura,
como gota bajo el firmamento,
convierte sus raíces en colores.

— Trilce

Volver al índice ↑
Una lámpara ilumina un manuscrito frente a vitrales azules, verdes y dorados bajo la lluvia
Soneto · 21

La séptima ventana guarda oscura

Sin título · Identificado por su primer verso

LEER EL SONETO COMPLETO

La séptima ventana guarda oscura
la cifra de una lluvia intermitente;
un arco, bajo el mármol, aún consiente
la música que niega su armadura.

No pesa lo que el signo transfigura
si el cauce reconoce su corriente;
la lámpara no exige al recipiente
la explicación exacta de su hondura.

La mesa permanece sin plurales,
donde lo indivisible ha florecido
sin que la desnudez del signo asombre.

Quien sepa descifrar esos vitrales
hallará, bajo el oro desprendido,
el rostro que precede a todo nombre.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Una mujer se abraza con los ojos cerrados, envuelta en tela clara y una luz dorada junto al mar
Soneto · 22

Mi sabio cuerpo

Mi cuerpo guarda todo lo vivido

LEER EL SONETO COMPLETO

Mi cuerpo guarda todo lo vivido
y lleva cada pena entre sus manos;
conoce mis inviernos y veranos
y el peso de los rumbos que he elegido.

En él, cada silencio tiene un nido,
mis sueños más remotos y cercanos;
sus gestos, tan sencillos, tan humanos,
me dan la paz de todo lo aprendido.

Mi cuerpo guarda el alma que me habita
y yo también lo quiero cobijar;
su voz, aun en silencio, me visita.

Hoy dejo mis afanes descansar
y escucho su verdad cuando palpita:

«también merece amor, también, sanar».

— Trilce.

Volver al índice ↑
Una figura femenina luminosa hecha de letras y páginas surge de un libro abierto junto a una pluma y una rosa roja
Soneto · 23

Si, el verso tiene piel, también respira

Sin título · Identificado por su primer verso

LEER EL SONETO COMPLETO

Si, el verso tiene piel, también respira
y encuentra en la palabra su latido;
no basta con un traje bien tejido
si el alma que lo habita es de mentira.

La pluma viste al verso que la inspira,
le presta un corazón, le da sentido;
yo pongo en su latir lo que he vivido
y dejo que mi voz se vuelva lira.

La forma da rigor; la voz, altura:
no basta con contar para cantar,
también pide su sitio la ternura.

Si alguno lo pretende rebajar,
responderá mi verso con dulzura:
¡también la letra sabe caminar!

— Trilce.

Volver al índice ↑
Una rosa roja con letras en sus pétalos crece entre grietas de mármol blanco iluminadas por el sol
Soneto · 24

La rosa inadvertida

El verso, de la carne vestidura,

LEER EL SONETO COMPLETO

El verso, de la carne vestidura,
concede al pensamiento voz y aliento,
y erige de su pulso un monumento
que salva de la sombra su hermosura.

No vive por el mármol la escultura,
ni el verso por su rítmico ornamento:
ha de llevar verdad por fundamento
y dar a cada sílaba su hondura.

La rosa, por la sombra inadvertida,
no busca en cada aplauso su grandeza
ni pide a la mirada ser querida.

Responde con su aroma y su nobleza;
la letra, entre sus pétalos, anida:
lo tácito también tiene belleza.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Una mujer vestida de rojo abraza a un hombre junto a una ventana iluminada por la luna
Soneto · 25

Donde puedo ser entera.

Conoces mi furor y mi tristeza,

LEER EL SONETO COMPLETO

Conoces mi furor y mi tristeza,
mi risa, mi temblor, mi desvarío,
y sabes dar abrigo a todo el frío
y abrazas mi feroz naturaleza.

Me miras con tal delicadeza
que dejo entre tus manos lo que es mío;
y aun juntos nos habita ese vacío
de confundir refugio con certeza.

Me marcho, pero vuelvo todavía
al sitio donde puedo ser entera,
sin saber qué nos une cada día.

Tu soledad abraza mi quimera
y se queda a dormir junto a la mía:
¿es amor o el temor de estar afuera?

Trilce.

Volver al índice ↑
Una pareja sonríe tomada de las manos junto a una ventana, bajo la luz cálida del amanecer
Soneto · 26

AMAR

Amar le da a la luz otra medida

LEER EL SONETO COMPLETO

Amar le da a la luz otra medida
y al corazón su música callada;
convierte la intemperie en madrugada
y cura sin borrar ninguna herida.

Es libertad que abraza y no intimida,
la paz de una verdad recién hallada,
la chispa que amanece en la almohada
y un juego que a la vida nos convida.

Es alumbrar sin nunca deslumbrar;
la risa compartida es melodía.
Es un beso que te invita a despertar

y hacer que la lluvia también sonría;
dejar al otro libre para amar
y que la vida brille todavía.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Rosas rojas y blancas sobre muros de piedra junto al mar, con un faro al atardecer
Soneto · 27

SIN DUEÑA.

Eres de más de una y pides lealtad;

LEER EL SONETO COMPLETO

Eres de más de una y pides lealtad;
¿con qué derecho impones la cadena?
Quien ama no reclama ni enajena,
ni ofrece por entero una mitad.

Me quieres en tu mapa: propiedad,
mientras repartes culpas por la arena;
no basta con tapar lo que te apena
si el agua sigue hablando la verdad.

La loba sabe alzar su voz a la luna
sin que la noche dicte su deber;
no hay jaula que le ofrezca mejor fortuna.

Deja correr las aguas sin beber:
no encontrarás en ellas paz ninguna
mientras confundas hablar con poseer.

— Trilce

Volver al índice ↑
Una rosa roja emerge entre cenizas y brasas sobre un manuscrito iluminado por el sol de una ventana
Soneto · 28

LO QUE GUARDA LA CENIZA

Me prometió la luz su compañía,

LEER EL SONETO COMPLETO

Me prometió la luz su compañía,
y hallé bajo su brillo la apariencia
de una caricia ajena a la conciencia
que fue volviendo sombra cuanto ardía.

Callé para salvar lo que creía,
y el eco confundió mi resistencia
con la paciencia muda de la ausencia,
hasta olvidar que yo también dolía.

Que nadie sepa el nombre de la herida;
me basta con saber que fue verdad.
Si ayer mi fe quedó desvanecida,

no entregaré al desprecio mi bondad:
haré de esta ceniza nueva vida
y de mi propia voz, mi libertad.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Una rosa roja cubierta de escarcha sobre un manuscrito junto a un espejo antiguo y agua bajo la luz de la luna
Soneto · 29

El revés del azogue

En la cifra del hielo ardía el día

LEER EL SONETO COMPLETO

En la cifra del hielo ardía el día
que un pliego abandonó sobre la espuma;
la rosa, al deshojarse, no se esfuma:
se vuelve el alfabeto de la umbría.

El azogue, en su doble geometría,
confunde el peso exacto de la bruma;
y el ala que en la escarcha se despluma
escribe en el revés de la porfía.

¿Quién pesará la sombra en el fanal
si el fiel jamás aprendió a leer el sueño?
El agua guarda un pliego en su cristal;

el hielo no descifra aquel empeño.
Y al desatarse el nudo del puñal,
la rosa reconocerá a su dueño.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Ilustración de La otra orilla, que comienza con Tu náufrago se sueña continente
Soneto · 30

La otra orilla

Tu náufrago se sueña continente

LEER EL SONETO COMPLETO

Tu náufrago se sueña continente
y exige al mar memoria de su orilla;
mas en la sal la brújula se humilla
si el norte se disfraza de poniente.

Hay otra geografía en lo ausente:
la ola deja su nombre en la arcilla
y, al retirarse, salva la semilla
de quien quiso llamarse su corriente.

Que Góngora me preste su espesura:
lo que parece herida es armadura;
también la espuma aprende a estar callada.

Quien busque en cada pétalo una atadura
verá, cuando descifre la cerradura,
que fue la rosa quien cerró la entrada.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Ilustración de La aguja y el presagio
Soneto · 31

La aguja y el presagio

Un signo se insinuó tras el nublado

LEER EL SONETO COMPLETO

Un signo se insinuó tras el nublado
y en mí vibró una extraña sinfonía.
La brújula de ayer se corregía
sin proclamar lo que había cambiado.

El péndulo, hasta ayer desencantado,
vibró con una ignota cercanía
de aquello que la ausencia retenía
y dejó al horizonte iluminado.

Sonrió de repente la conciencia
sin reclamar al viento sus favores;
cedió, por un instante, la inclemencia.

Que el azar nunca apague sus fulgores
y crezca sin testigos la querencia
donde dos astros funden sus colores.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Paisaje de invierno al atardecer que acompaña Solfeos de invierno
Soneto · 32

Solfeos de invierno

Comienza ya su reino el crudo invierno;

LEER EL SONETO COMPLETO

Comienza ya su reino el crudo invierno;
mi cuerpo guarda el frío todavía.
El sol se aleja y mengua cada día,
y el cielo gris me anuncia su gobierno.

Se viste de blancura el campo tierno;
la tarde pierde el pulso y su alegría.
Y el frío se deshace en melodía
cuando tu amor me libra del infierno.

Tu abrazo va calmando mis ciclones
y enciende con su fuego mi deseo;
la nieve va cediendo a tus canciones.

Y ante la deuda, tiemblo y titubeo:
la conciencia me pide explicaciones
por trocar cada ciclón en solfeo.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Una flor que acompaña Amodio
Soneto · 33

<<.Amodio.>>

Te amo y te detesto, y no comprendo

LEER EL SONETO COMPLETO

Te amo y te detesto, y no comprendo
por qué mi amor se vuelve amarga pena;
si tú me das el filo y la cadena,
¿por qué soy yo quien termina sufriendo?

Tu algoritmo perverso me encadena
y dicta para todos la condena;
me culpas por aquello que vas haciendo,
mientras con esa culpa voy viviendo.

Te amo, y ese amor me desafía;
detesto provocar dolor ajeno
que pesa entre mis manos todavía.

Si amar exige tanta cobardía,
prefiero ser quien pierde y no el veneno
que a otra alma le robe la alegría.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Paisaje junto al río que acompaña El miedo
Soneto · 34

EL MIEDO

Y nace el miedo y duerme a mi costado,

LEER EL SONETO COMPLETO

Y nace el miedo y duerme a mi costado,
se sienta como un huésped del desvelo;
me roba el gozo, el sueño y el consuelo,
y exige una rosa por quedarse al lado.

En cada madrugada se hace helado;
la soledad le tiende su señuelo,
y el alma se arrodilla ante su hielo,
al borde de un abismo, sin cuidado.

Mi ego le da posada todavía
y escucha, entre las sombras, su rumor;
la pena le hace sitio cada día.

Mas queda entre mis manos un fulgor:
la voluntad, que tiembla y se extravía,
aún puede levantarse ante el temor.

— Trilce.

Volver al índice ↑
Rosa roja sobre el agua junto al poema La otra orilla escrito en un pergamino
Soneto · 35

LA OTRA ORILLA

La tinta regresó del otro lado;

LEER EL SONETO COMPLETO

La tinta regresó del otro lado;
traía el pulso intacto de la fuente.
La rosa abrió su herida mansamente
y entró donde el silencio está guardado.

Mi risa fue la sal de lo callado;
y tras el mismo vidrio, lentamente,
ardía lo que calla quien consiente:
la boca le dio al miedo su candado.

No toda flor que flota se ha perdido;
una orilla secreta la venera.
En algún pecho queda su latido.

Aunque no asome luz por la ribera,
su tinta vuelve al sitio prometido;
lo que se calla a veces nos espera.

Trilce.

Volver al índice ↑
Ilustración que acompaña Te acercas y la tarde se sonroja
Soneto · 36

Te acercas y la tarde se sonroja

Sin título · Identificado por su primer verso

Te acercas y la tarde se sonroja;

LEER EL SONETO COMPLETO

Te acercas y la tarde se sonroja;
y el aire va perdiendo su sentido;
mi pulso se declara sorprendido,
y el viento por coqueto se deshoja.

Tu risa me provoca y me despoja
del miedo que creía ya vencido;
y un beso, todavía no nacido,
se asoma por mi boca y se me antoja.

Yo finjo que no sé lo que me pasa;
tú juegas con mi falsa cortesía,
mas tu mirada pronto me delata.

Tu mano por mi espalda se retrasa,
y la noche se vuelve poesía
cuando el primer «te quiero» se desata.

— Trilce

Volver al índice ↑
Rosa sobre el agua que acompaña Se fue la rosa aquel día
Décima · 37

Se fue la rosa aquel día

Sin título · Identificado por su primer verso

Se fue la rosa aquel día,

LEER LA DÉCIMA COMPLETA

Se fue la rosa aquel día,
dejándome su color;
me dejó solo el dolor
que mi pecho recogía.
Mientras el río seguía
sin detener su corriente,
yo la miraba impotente,
sin poderla rescatar
ni sus pétalos salvar;
y quedó viva en mi mente.

Trilce.

Volver al índice ↑
Ilustración de El regalo de tu tiempo
Soneto · 38

El regalo de tu tiempo

Hoy por fin regresaste de la ausencia;

LEER EL SONETO COMPLETO

Hoy por fin regresaste de la ausencia;
al regalarme un poco de tu día,
volvió a mi corazón la melodía
y me alegró tu cálida presencia.

Tu tiempo compartido fue elocuencia;
me diste más de lo que merecía:
la dicha de saber que todavía
tu voz le da calor a mi existencia.

Tu tiempo fue un regalo transparente
que atesoro y no quiero malgastar;
pues debatir contigo fue un presente,

y no hizo falta nada que explicar.
Y tu palabra sigue aquí, latente,
y en mi memoria vuelves a brillar.

— Trilce 09/23/2026.

Volver al índice ↑
Ilustración de A ojos del alma
Soneto · 39

A ojos del alma

Hallé belleza en rostros mal juzgados;

LEER EL SONETO COMPLETO

Hallé belleza en rostros mal juzgados;
también vi al mal con rostro luminoso.
Ella rinde homenaje a lo vistoso
y juzga por los trajes bien bordados.

Hay dones que caminan olvidados,
sin pompa ni disfraz aparatoso;
su brillo es invisible al vanidoso:
diamantes que otros dejan enterrados.

Un rostro no revela la conciencia;
detrás de la belleza hay noche oscura.
Quien mira con el alma halla la esencia

que el brillo del oropel no le asegura,
y descubre, tras toda la apariencia,
la luz que en lo imperfecto siempre dura.

— Trilce 09/23/2026.

Volver al índice ↑
Imagen publicada por Trilce junto a TÚ, MI ÚNICO
Poema · 40

TÚ, MI ÚNICO

Tú, mi único profeta,

LEER EL POEMA COMPLETO

Tú, mi único profeta,
que anuncias las calamidades de mi vida
como si el porvenir te hubiese confiado
el inventario exacto de mis heridas.

Tú, mi único juez y mi verdugo,
con tanto honor andando en calcetas;
dictando desde el trono de tu orgullo
sentencias que ni tú mismo respetas.

Tú, mi único dilema,
que vas y vienes como la marea;
cuando te alejas, el dolor me quema,
y cuando vuelves, todo tambalea.

Tú, mi único quizás,
mi interrogante sin respuesta,
la puerta que jamás termina de cerrarse
ni se decide nunca a quedar abierta.

Tú, mi único refugio a la intemperie,
mi sed en medio de la fuente,
la mano que promete sostenerme
y me abandona al filo de la suerte.

Tú, mi único imposible,
mi eternidad de tiempo limitado;
el hombre que juró salvar mi mundo
mientras dejaba el suyo bien guardado.

Tú, mi único veneno y medicina,
mi absolución, mi culpa y mi condena;
la espina que se esconde entre las rosas
y luego culpa al corazón porque le duela.

Tú, mi único…
Ya no sé cómo llamarte.
Porque fuiste tantas cosas en mi vida
que olvidaste ser la única importante:

el amor sencillo,
el que no juzga,
el que no hiere,
el que no llega solamente
cuando teme que lo olviden para siempre.

Y yo, tu única certeza,
la que te amó sin cálculos ni medida,
comprendo al fin que no eras mi destino:

eras la herida
que vino a enseñarme
que también se salva el alma
cuando renuncia a todo lo que ama.

—Trilce

09/20/26.

Volver al índice ↑
Imagen publicada por Trilce junto a La restitución de la culpa.
Soneto · 41

La restitución de la culpa.

Bebí por ti la herrumbre del espejo,

LEER EL SONETO COMPLETO

Bebí por ti la herrumbre del espejo,
guardé tu eclipse dentro del costado;
llamé destino al hierro equivocado
y altar a la ceniza que hoy te dejo.

Vestí de luz tu sombra desde lejos,
firmé con sangre un crimen no engendrado;
fui el hombro de aquel ángel desterrado
que huyó de su verdad y su reflejo.

Recibe el plomo huérfano: era tuyo;
mi espalda descifró su geometría
y el nudo regresó donde fue urdido.

Que vuelva cada noche a quien la construía;
yo cruzo, sin la cruz, el viejo muro
y nazco donde el alba me debía.

— Trilce 09/22/2026.

Volver al índice ↑
Imagen publicada por Trilce junto a TE CONFUNDISTE DE JUEGO
Soneto · 42

TE CONFUNDISTE DE JUEGO

La verdad no se censura se acepta

LEER EL SONETO COMPLETO

La verdad no se censura se acepta
responder no es oficio, es defensa.
Aunque nadie comprenda aquella ofensa,
mi sombra en cada verso se derrama.

Te ofrezco desde el fondo de mi alma
un trato sin perdón ni recompensa:
tú sigue como el mar, con insolencia,
que yo cincelo el fuego de mi llama.

«Jaque mate», pensaste. ¡Mal tu juego!
Fui roca, fui tu abrigo y tu consuelo,
pero cincelo el verso y nace el fuego.

Tú convertiste mi calor en hielo;
la dama que burlaste vuelve luego
y hoy libre grita al mundo: «¡Este es mi juego!«

Trilce 09/14/2026.

Volver al índice ↑
Imagen publicada por Trilce junto a Si la vida te cerca y te abandona
Soneto · 43

Si la vida te cerca y te abandona

Sin título · Identificado por su primer verso

Si la vida te cerca y te abandona,

LEER EL SONETO COMPLETO

Si la vida te cerca y te abandona,
no vuelvas la mirada hacia el pasado;
prosigue, aunque camines fatigado,
que el alma con sus sueños se corona.

Cuando la noche el rumbo desmorona,
conserva el corazón iluminado;
quien sueña sin dormir ya ha despertado
a un alba que la sombra no aprisiona.

No temas encontrarte sin abrigo,
ni cedas al dolor que te condena:
tu fe será la luz de tu camino.

Pues todo amanecer nace contigo;
despierta tras soñar, rompe la pena:
quien marcha sin mirar crea el destino.

Trilce

Volver al índice ↑
Imagen publicada por Trilce junto a Somos todo y nada.
Poema · 44

Somos todo y nada.

Somos

LEER EL POEMA COMPLETO

Somos
Nada más que conciencia,
alma, cuerpo y espíritu.

Somos
apenas partículas dispersas
en un universo infinito.

Somos
Un afortunado cuerpo
de carne y hueso,
una existencia única y efímera
que algunos prefieren ignorar
o dar por sentada,
como si la vida fuese
un sorteo de ruleta rusa.

Somos todo y nada.
Tan capaces de desaparecer
o de perderlo todo en un segundo…
Y, sin embargo,
hacemos culto a la vanidad,
a lo perfecto y a lo superfluo.

Hoy respiro.
Mañana, ¿quién sabe?

Pero la fragilidad humana
compite furiosamente
con la ira
y con el demoníaco odio.

No somos nada
y nos creemos tanto
que somos capaces
de sacrificar la vida
y el amor
por odio.

Trilce
1 de septiembre de 2026.

Volver al índice ↑
Imagen publicada por Trilce junto a Ay, dolor…
Poema · 45

Ay, dolor…

Sin título · Identificado por su primer verso

Ay, dolor…

LEER EL POEMA COMPLETO

Ay, dolor…

huésped antiguo de la carne,

taciturno albacea de las pérdidas,

orfebre inexorable

que cincela cicatrices

en la médula secreta de los días.

Llegas sin aldabas ni clemencia,

con tu séquito de sombras,

y te instalas en el pecho

como un pájaro agorero

que ha olvidado para siempre

la diáfana gramática del vuelo.

Ay, dolor…

si lo vives, lo sientes;

si lo sientes, lo entiendes.

Porque nadie comprende tu liturgia

hasta beber tu cáliz de intemperie,

hasta escuchar cómo se quiebra

la frágil arquitectura de la esperanza.

Los hay propios,

viscerales e inefables,

que nos desgarran con sigilo

desde el recóndito santuario de la sangre.

Y están los ajenos:

dolores transeúntes

que atraviesan nuestra puerta

y, por un prodigio de empatía,

terminan doliéndonos

como si llevaran nuestro nombre.

Hay lágrimas que brotan

de una aflicción atávica,

de una ausencia que no encuentra sepultura,

de una reminiscencia empecinada

que vuelve, contumaz,

a profanar el sosiego de la noche.

Pero no somos menos fuertes por llorarlas.

Llorar no es capitular ante la pena

ni rendirle vasallaje a la tristeza;

es permitir que el alma se desborde

cuando ya no puede contener

el océano inconmensurable que la habita.

Ay, dolor…

maestro hosco,

partero de verdades,

tú nos despojas de lo superfluo

y, en medio de la desolación,

nos revelas la recóndita sustancia

de aquello que amamos.

Nos vuelves más humanos,

más proclives a la ternura,

más conscientes del efímero milagro

de tener entre las manos

lo que mañana será ausencia.

Ay, dolor…

si lo vives, lo sientes;

si lo sientes, lo entiendes.

Trilce 08/13/2026.

Volver al índice ↑
Mis canciones

Aquí una pequeña muestra
de mis canciones.

Diecinueve canciones para escuchar y sentir. Elige una portada, abre el reproductor y deja que la música te acompañe.

Portada de Cuando por culpa del amor, de Trilce Yanelis Cedeno
Mis canciones · Escucha

Cuando por culpa
del amor

Trilce Yanelis Cedeño

Una canción para acompañarte entre el desamor, la esperanza y la fuerza de seguir.

▶ ESCUCHAR AQUÍ

ESCUCHAR EN YOUTUBE ↗

De la emoción a la canción

Otra forma
de decir lo que siento.

En 2026, mis palabras encontraron un nuevo camino en las letras de canciones. Estas fueron dos de las primeras:

  • 01Déjame sanar
  • 02Ni contigo ni sin ti
Mi universo creativo

Poesía para
acompañarte.

Sonetos y verso libre. El amor, la filosofía, los valores humanos y el asombro ante la naturaleza. Escribo con el deseo de que alguien encuentre en mis palabras consuelo, inspiración y fuerza para volver a empezar.

Encuentra mis canciones y contenidos en mis perfiles:

Mi manera de entender la escritura
«Escribir es convertir los sentimientos en palabras que te salvan del naufragio de la vida, te sostienen y te mantienen vivo».
Trilce Yanelis Cedeño