Mi historia reúne la medicina, la emigración y la escritura: distintas maneras de acercarme a la vida y a las personas.
Mi nombre es Yanelis Cedeño Estrada. Nací el 31 de agosto de 1979 en Bayamo, provincia de Granma, Cuba. Escribo bajo el nombre de Trilce, una palabra que elegí para reunir dos emociones que han convivido en mi vida: la tristeza y la dulzura.
Crecí en una familia donde la música estaba siempre presente. Mi abuela materna era trovadora, cantante aficionada y tocaba el piano. Mi abuelo materno tocaba tumbadoras y órganos, y mi bisabuela materna era pianista. Desde antes de comenzar a escribir, ya decía versos e inventaba letras de canciones.
También desde niña sentí una profunda curiosidad por la Medicina. Leía libros médicos, fascinada por sus ilustraciones y por el conocimiento del cuerpo humano. La lectura se convirtió en un hábito que todavía me acompaña: leo con avidez, movida por el deseo de comprender y aprender.
En 2001 comencé a escribir, impulsada por el dolor de un amor imposible. Ese mismo año adopté mi nombre artístico. Sentía que la vida podía ser triste y dulce a la vez; uní «tril», inspirado en la tristeza, con «ce», de dulce, y encontré en Trilce una manera de nombrar aquella experiencia íntima. Conservo numerosos poemas manuscritos de esa etapa, suficientes para reunir casi un poemario, todavía sin título.
La escritura me acompañó durante mis estudios de Medicina. En 2009 me gradué de doctora en Medicina en Bayamo, provincia de Granma, Cuba. Mi centro de estudios pertenecía al Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, institución que expidió mi título.
Entre 2011 y 2013 cumplí una misión médica en Venezuela y, en 2014, comencé otra en Brasil. Salir de mi país significó enfrentar la distancia, la soledad y la responsabilidad de integrarme en realidades desconocidas. En Brasil aprendí portugués. Mientras ejercía mi profesión y me adaptaba a esos cambios, continué escribiendo.
El 7 de diciembre de 2016 llegué a Estados Unidos y me establecí en Rochester, Nueva York. Aprendí inglés para trabajar y desenvolverme en mi nuevo entorno. Realicé un curso de asistente médico y trabajé cuidando pacientes a través de Freedom Care. Posteriormente viví un año en Texas y regresé a Rochester en 2020.
Desde entonces trabajo como School Health Assistant, asistente de salud escolar, en la Escuela n.º 22. En su enfermería atiendo a niños que presentan malestar, sufren caídas o tienen accidentes, y notifico a sus padres. El cuidado de las personas sigue siendo parte de mi vida cotidiana.
En Estados Unidos también viví una historia amorosa que transformó mi escritura. La ilusión, la pérdida y las dificultades de aquel vínculo encontraron expresión en mis versos. En 2026 comencé una nueva etapa de creación de letras de canciones; entre las primeras estuvieron «Déjame sanar» y «Ni contigo ni sin ti».
Escribo sonetos, verso libre y otras formas poéticas. Me inspiran el amor, los valores humanos, el conocimiento, la filosofía, el estoicismo, la naturaleza y los misterios de la ciencia y del universo. Mi curiosidad me lleva a escribir tanto sobre lo que siento como sobre aquello que observo y que despierta en mí nuevas preguntas.
Admiro, entre otros, a José Ángel Buesa, César Vallejo, José Martí, Nicolás Guillén, William Shakespeare, Homero, Dante Alighieri, Rumi, Walt Whitman, Emily Dickinson, Pablo Neruda, Rabindranath Tagore, Federico García Lorca y T. S. Eliot. Deseo seguir conociendo sus obras mientras desarrollo mi propia voz.
Comparto mi poesía en Facebook, Instagram, TikTok y Threads como Trilce Yanelis Cedeno. Ahora me preparo para publicar mi primer poemario y acercar mi obra a nuevos lectores.
Aspiro a crear una voz única y reconocible, y a dejar una huella en el arte. Quiero que quienes lean mis poemas o escuchen mis canciones encuentren palabras para sus propias emociones, consuelo en la tristeza y fuerza para reconstruirse. Deseo que mi escritura pueda servir de escudo y refugio, inspirar y recordar que las heridas también pueden dar paso al aprendizaje y a una nueva manera de vivir.
Escribo sobre caer y levantarse, sobre sentir profundamente y sobre el valor de esta única vida que tenemos.
Porque, para mí, escribir es convertir los sentimientos en palabras que te salvan del naufragio de la vida, te sostienen y te mantienen vivo.